
Suena lógico, pero no siempre se piensa. En desayuno, brunch o almuerzo me gusta servir con más abundancia. En la cena prefiero algo más ligero, elegante, que no pese tanto. La hora marca el ritmo del menú.


Me gusta que la gente se llene y disfrute. Mi fórmula cuando recibo:
• 40% proteína y quesos
• 40% vegetales y ensaladas
• 20% carbs
En mi vida diaria bajo los carbs y subo la proteína. Pero cuando recibo… es diferente. Me gusta consentir. Que se sienta especial.


Tres por persona es un buen número. O una rica tabla de quesos logra el objetivo. Abren conversación. Relajan el ambiente. Y agradan al que llega con hambre.


Esto es lo que yo uso como guía:
• 6–8 onzas de proteína total por persona
• 2 porciones de carbs pan / papas / pasta / risotto
• 1 porción de ensalada
• 1 porción de vegetales
• 2–3 oz de quesos
La abundancia es previsión. El desperdicio es innecesario.


Mis invitados suelen tomarse entre media y una botella por persona si la velada es larga. Sí. Es mucho. Pero es real. Prefiero que sobre a que falte.


Servir mocktails deliciosos ya no es opcional. Agua de coco muy fría en una copa bella, servida como lo haría un mixologist en un bar. Escarchada con sal. Perfecta. O agua de jamaica con monk fruit o poca azúcar, mucho hielo, hojas de menta y limón fresco. Bien presentado cambia todo. La gente se siente atendida.


Si la noche se prolonga, saco algo más: Una pasta sencilla. Unos ricos sándwiches. Una sopa si hace frío. Las porciones son más pequeñas, como ¾ de una normal. Es informal. Es acogedor.


Si hay vegetarianos, alergias al gluten, nueces o intolerancias a lácteos, lo quiero saber. Consentir a alguien con una alternativa deliciosa es una gentileza que nunca se olvida. Yo pienso que investigar es señal de cariño. Pero si no lo sabes con certeza, sirve un poco de todo.


Roast beef. Ensaladas y antipastos. Platos que puedan servirse al tiempo. Lo que debe estar caliente… no puede enfriarse jamás.


Me encanta servir tacos, una barra de sándwiches, cosas que no sean demasiado formales. Mis invitaciones suelen ser casuales. El menú siempre responde al ambiente que quiero crear. El postre es como demuestro amor (Mi language of Love, te recomiendo ese libro por cierto)
Aquí no hay límites. Amo servir más de uno. Que haya opciones. Que haya abundancia. Lo sirvo en el momento. Pregunto cuánto quiere cada quien. Eso los hace felices. Y casi siempre… à la mode. Algo caliente con algo frío. Texturas distintas. Algo crunchy con algo suave. El final debe sentirse celebrado.


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